En el año 1400 a.C. el área cretense fue invadida por los
aqueos, un pueblo que provenía de la zona continental de Grecia y que hablaba
ya una forma de griego arcaico. Estos construyeron ciudades amuralladas, como
Micenas, y fundaron la denominada civilización micénica.
INVASIONES DE LOS BÁRBAROS O INDOEUROPEOS: Los aqueos,
antepasados de los griegos, pertenecían a la vasta familia de pueblos denominados
indoeuropeos o arios. El primer término no significa que procediesen de una
mezcla de indios y de europeos, sino que una parte de ellos, después de haber
asolado las mesetas del Irán, lanzaron sus hordas hasta la India del Norte. Fue
a partir del año 2000 a. C. cuando se presentaron violentamente en el Oriente
mediterráneo. Parece que su superioridad provenía del uso del caballo y de las
armas de hierro.
Hacia 1900 a.C., invadieron la meseta de Anatolia y fundaron
el Imperio Hitita. Los kasitas,
los mitannianos, que en varias ocasiones amenazaron Babilonia, estaban,
igualmente, dominados por una aristocracia militar de origen indoeuropeo.
Alrededor del año 1650 a. C., sus hordas ocuparon el Irán y
fueron el origen de los medos y de los persas. La segunda gran oleada, la más
terrible, tuvo lugar hacia el 1200 a.C. fueron los Pueblos de la Mar, cuyo empuje
no se detendría hasta llegar a las fronteras de Egipto, y los dorios, que
suplantaron a su vez a los aqueos, sus hermanos mayores, debilitados por el
contacto con Creta.
Los indoeuropeos no se dirigieron sólo hacia Oriente. Otros
grupos se instalaron en Europa occidental: en Italia, los umbros; en la Galia,
los celtas. Los germanos, fueron casi los últimos en llegar.
HISTORIA DE MICENAS: Como decíamos antes, los primeros
invasores que penetraron en Grecia, alrededor del 1700 a.C, eran bárbaros en
comparación con los cretenses, pero, al igual que otros pueblos bárbaros que
llegaron en épocas posteriores, montaban a caballo y tenían carros.
Construyeron fortalezas —al
parecer, siempre estaban a la defensiva, circunstancia que nos revela cómo
trataban a los nativos—, algunas de ellas en emplazamientos que más adelante se
convertirían en famosas ciudades griegas, como Atenas, por ejemplo. El centro
más importante se encontraba en Micenas, nombre del que deriva el adjetivo
micénico con que se conoce a este pueblo y su cultura.
Los micénicos construyeron edificios
de grandes dimensiones, y eran buenos guerreros. Se cree que vivían en una
especie de liga o federación de poblados, cada uno de ellos gobernado por un
rey; el de Micenas presidía a los demás. Los nativos de Grecia pasaron a ser
arrendatarios, siervos o esclavos de los nobles micénicos, que eran los
propietarios de las tierras.
MICENAS SUPLANTA A CRETA: Mientras
se desarrollaba la civilización cretense, la Grecia continental se había
transformado , poco a poco, desde el principio del segundo milenio, debido a la
llegada, por el norte o desde el mar, de ios invasores indoeuropeos.
Esta invasión de los pueblos aqueos,
no representó un cataclismo: una tribu tras otras, se fueron deslizando a
través de la península, y se impusieron, gracias a la superioridad de sus
armas. Se instalaron, preferentemente, en el Peloponeso, en Micenas, en
Tirinto, en Pilos. Comprendiendo todos los beneficios que podían obtener de ia
influencia cretense, supieron, durante tres siglos (desde 1700 hasta 1400 a.
C.), mantener relaciones pacíficas. Pero, una vez terminado su aprendizaje,
destruyeron Creta.
Entretanto, habían consolidado su
poder y edificado su civilización, cuyo esplendor prueban los tesoros
descubiertos en las tumbas. Los aqueos vivían en ciudadelas poderosamente
fortificadas, de las cuales Micenas ofrece un ejemplo
particularmente palpable.
Bloques calcáreos, toscamente
labrados, y después superpuestos, formaban murallas tan imponentes que ios
antiguos atribuían su construcción a gigantes: los cíclopes. Estas murallas
tenían un espesor medio de seis metros y alcanzaban hasta diez metros de
altura.
La monumental puerta de los Leones
(el dintel pesa más de 20 toneladas) conducía, por un plano inclinado, a la acrópolis,
en cuya cumbre se levantaba eí palacio real. Este palacio se componía,
esencialmente, de una gran pieza rectangular, el megaron (13 metros de largo
por 11,5 m. de ancho), en cuyo centro había un hogar en forma de círculo;
cuatro columnas soportaban ei techado. El acceso tenía lugar por un porche que
se abría a un peristilo. Un sótano y un piso para habitación completaban eí
conjunto. Aunque no se trataba de una morada inmensa, mostraba. sin embargo, el
relativo poder de sus habitantes.
La ciudadela comprendía también
viviendas secundarias, destinadas a los amigos, a los parientes, y, sin duda, a
los principales lugartenientes del rey. En caso de peligro, podía servir de
refugio a los campesinos de los alrededores. Gracias a los graneros, situados en
el interior del recinto, y a una gran cisterna alimentada por el agua de una
fuente exterior a través de una conducción subterránea, se podía resistir un
largo asedio.
Cerca de la Puerta de los Leones
había un cementerio, en forma de explanada circular, rodeada de muros, que
contenía seis tumbas excavadas en la tierra: eran las sepulturas de los reyes y
su familia. Máscaras de oro, armaduras, espléndidos puñales cincelados,
jarrones, dan testimonio de la riqueza de ios reyes. Después, los grandes personajes
fueron inhumados en tumbas llamadas de cúpula, fuera de la ciudadela: la más
célebre es la conocida con el nombre de Tesoro de Atreo.
Fortaleza de Micenas
Una sala circular de 14,50 metros de
diámetro y 13,20 metros de altura precede a la cámara sepulcral. Esta solidez
arquitectónica no impedía el refinamiento del detalle: ¡os muros estaban
decorados con frescos que, por su técnica y sus motivos
(procesiones, homenajes al soberano, escenas de combates y de caza),
manifiestan la influencia cretense.
Se ven hombres con túnica hasta
medio muslo, y de mangas cortas; los magnates aparecen con sus armas y sus
monturas. Las artes menores, la cerámica especialmente, se distinguen por sus
formas nuevas: vasos con asas, acampanados, copas de largo pie, ánforas con
tres asas…
La decoración es discreta; al
principio, constituida por dibujos geométricos: después, cada vez con más
frecuencia, por animales domésticos y por figuras humanas. Así, pues, las
piedras y los objetos indican lo que fue la civilización que llamamos micénica:
un conjunto de ciudades fortificadas que, no obstante, fueron capaces de atraer
a los artistas y a los mercaderes extranjeros.
Esta sociedad, que no se debe
limitar a las bien situadas plazas fuertes de Argólida, pues se encuentran
vestigios de ella fuera del Peloponeso, en Tesalia, en Beocia, en Ática, se nos
presenta como un régimen feudal de reyezuelos y guerreros, preocupados, sobre
todo, por la caza y las expediciones militares. Después de la destrucción de
Cnosos, parece que relevó a los cretenses en el dominio del mar.
También Itaca. el reino de Ulises, era
micénica.Alrededor del 1400 a.C, cuando los
micénicos ya habían ocupado Cnosos,
su civilización y potencia militar llegaron al punto culminante. También eran
activos comerciantes, y los reyes hititas los trataban con respeto. Sus
colonias del Asia Menor prosperaron extraordinariamente.
Las tabletas fechadas en el 1200
a.C. que se han hallado en Pilos demuestran que aprendieron técnicas de
gobierno más avanzadas que las de sus vecinos. Y de repente se abre un período
de oscuridad. No sabemos cómo se produjo el final de la supremacía micénica,
pero se cree que se debió en gran parte a una serie de conflictos dinásticos
acaecidos en la Grecia continental.
CARACTERÍSTICAS:
• La sociedad aquea, según
la describió Homero, era una sociedad de guerreros gobernada por una monarquía.
• La economía se basaba
iniciaimente en ia agricultura, pero paulatinamente el comercio se fue
desarrollando y los micénicos se convirtieron en los sucesores comerciales de
los cretenses. En este contexto parece explicarse la Guerra de Troya cantada
por Homero: Troya
pudo ser atacada por ser competidora de los aqueos.
• El arte micénico
destacó en la construcción de ciudades amuralladas y de tumbas de tipo
familiar, con cámara de falsa bóveda y corredor. Los aqueos destacaron también
por los trabajos hechos con oro y otros metales.
Esta civilización fue modificada
profundamente tras la invasión de los dorios y los jonios que penetraron en el
espacio griego y desplazaron a los aqueos hasta Asia Menor hacia el año 1200
a.C.
SU DESCUBRIMIENTO: Schliemann, fue el
descubridor de la ciudad Troya, arqueólogo de origen alemán, que después de
haber ejercido diversos oficios y realizado numerosos viajes se había
enriquecido. Desde niño, se sintió fascinado por la leyenda homérica y deseó
probar su veracidad histórica mediante una excavación arqueológica.
Los escritores de aquella época
tenían a Homero por un poeta legendario, y ponían en duda el valor histórico de
su obra. Schliemann fue el primero que creyó en él, y se dejó conducir por los
indicios transmitidos por Homero, tomándolos al pie de la letra.
Los griegos—leemos en la
llíada—recorrían, varias veces al día, el camino que separaba su campo, situado
al pie de las murallas, del mar donde se encontraban sus navios. Schliemann
divisó una colina en forma de meseta, de más de 200 metros de lado, lo bastante
próxima al mar para hacer posibles tales viajes.
Además, Homero había dicho que
Aquiles y Héctor, en el curso de su combate, habían dado tres veces la vuelta a
las murallas: Schliemann hizo el trayecto por la falda de la colina y llegó a
la conclusión de que, para dos combatientes encarnizados, el hecho no era
imposible. Mientras todos los sabios estaban persuadidos de que la Troya
homérica se encontraba mucho más lejos, adentrada en tierra; Schliemann decidió
que su colina (cerca de la actual Hisarlik) correspondía al verdadero
emplazamiento, y emprendió las excavaciones. Los trabajos comenzaron en 1870;
Schliemann invirtió su fortuna personal y fue ayudado por su mujer, griega.
Pronto encontró ruinas y utensilios; pero, con gran sorpresa, halló nuevas ruinas
bajo las primeras, otras después, y, en total, nueve ciudades fueron exhumadas.
Pero, ¿cuál de ellas era la Troya homérica?
En la segunda capa, de abajo arriba,
descubrió huellas de incendio y de murallas, una inmensa portada y un tesoro.
Estaba convencido de haber encontrado la ciudad de la que hablaba Homero y de
haber descubierto su tesoro. ¡Schliemann murió, sin saber que se había
equivocado! Los sabios han descubierto, posteriormente, que la verdadera Troya
se encontraba en la sexta capa, contada desde abajo.
Mucho se le ha reprochado a
Schliemann que, en su precipitación y en su ignorancia de aficionado,
destruyera documentos de valor, cuya importancia había desestimado; lo cual no
impide que este aficionado, valiéndose de su fe, haya descubierto un mundo
olvidado y haya hecho recordar a los hombres que las civilizaciones son
mortales. Además, puesto que Homero había dicho la verdad en cuanto a Micenas y
Troya, era necesario conceder un valor histórico al resto de su obra.
La máscara mortuoria de Agamenón.
Esta máscara mortuoria, hecha de una lámina de oro, fue uno de los primeros
objetos que encontró Heinrich Schliemann en sus excavaciones de una serie de
tumbas de pozo en Micenas. Schliemann afirmó haber encontrado la máscara de
Agamenón, el rey de Micenas mencionado en la lliada de Homero.
El micénico fue, sobre todo, un
pueblo guerrero, orgulloso de sus actos heroicos efectuados en combate. La
evidencia arqueológica también señala que las monarquías micénicas
desarrollaron una extensa red comercial. Se ha encontrado alfarería micénica a
través de la cuenca del Mediterráneo, en Siria y en Egipto, hacia el este y
Sicilia, y en la región sur de Italia, hacia el occidente. Pero ciertos académicos
creen que los micénicos, guiados por la propia Micenas, también se expandieron
militarmente, conquistando Creta y convirtiéndola en parte del mundo micénico.
Algunas de las islas del Egeo también cayeron bajo el control micénico.
La más famosa de todas las supuestas
aventuras militares micénicas ha llegado a nosotros a través del poema épico de
Homero, cuando los micénicos, guiados por Agamenón, rey de Micenas,
saquearon la ciudad de Troya.
ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA: La
guerra de Troya, por tanto, había tenido lugar. Fue hacia 1270 a.C. cuando
comenzó esta guerra, que duraría diez años. Según la leyenda, el pretexto había
sido fútil: la belleza de Helena.
Helena, hija de Zeus, rey de los
dioses, era tan famosa por su belleza que todos los príncipes griegos tuvieron
la esperanza de conseguir su mano. El tutor de Helena, temiendo que esta
rivalidad provocara un conflicto, hizo prometer previamente a todos los
candidatos que ayudarían al afortunado elegido, en el caso de que alguien
raptase a Helena. Todos lo prometieron y Helena se casó con el rey de Esparta,
Menelao, hermano del poderoso Agamenón, rey de Argos y de Micenas. Pero aparece
Paris… Era hijo de Príamo, rey de Troya; su padre lo había hecho pastor: ¿no le
habían advertido que un día su hijo causaría la ruina de su país?
En una visita a Esparta, Paris
aprovechó la ausencia de Menelao para raptar a Helena. Entonces Menelao convocó
a los demás jefes aqueos, los cuales se agruparon bajo el mando de Agamenón.
Los más de ellos acudieron gozosos, entusiasmados por poder destruir una ciudad
rival. Troya, en efecto, era la dueña de los estrechos; por este título
cobraría, sin duda, derechos de peaje;
además, estaba consideraba como una ciudad rica en oro y en bronce,
y por lo tanto de sumo interés para los saqueadores profesionales. El
entusiamos de los griegos por Troya se explica por su placer por el pillaje y
por el deseo de conquistar nuevas y seguras rutas comerciales.
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